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Arch Manning, el mariscal que pasó de fiasco a liderar al número uno

Penelope H. Fritz
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Perdía 23-3 contra el mejor equipo del país, con un cuarto por jugar, y Arch Manning no buscó el pase milagroso. Armó tres series ofensivas de 15, 13 y 12 jugadas, y Texas le ganó 24-23 a Ohio State en Austin. Fue la mayor remontada en un último cuarto contra un número uno del ranking AP en toda la historia, y salió de la paciencia, justo la cualidad que casi nadie le concedía al apellido más observado del futbol americano colegial.

Ese apellido pesa más que cualquier casco. Su abuelo Archie fue el mariscal de campo de Ole Miss que pasó la mayor parte de su carrera profesional con los Saints de Nueva Orleans. Sus tíos Peyton y Eli ganaron cuatro Super Bowls entre los dos. Su papá, Cooper, era receptor en la prepa y su carrera se terminó a los 18 años, antes de jugar en la universidad, cuando los médicos le encontraron un estrechamiento del canal medular.

Hijo mayor de Cooper Manning y Ellen Heidingsfelder, Archibald Charles Manning llegó al mundo en Nueva Orleans el 27 de abril de 2004 y se formó en la Isidore Newman School, la escuela privada donde antes habían jugado Peyton y Eli. Fue titular desde su primer año, algo que no ocurría en el arranque de temporada de Newman desde hacía al menos cuatro décadas, y lanzó para 2,509 yardas y 34 touchdowns, números que le dieron el premio MaxPreps al mejor jugador de primer año del país. Ya en su último año, en una paliza de 59-7 a Pearl River, rompió la misma noche el récord escolar de yardas por pase de Eli y el de touchdowns de Peyton.

Para dimensionar el fenómeno basta pensar en un clásico del futbol mexicano: estadios llenos, televisión nacional y una presión que no perdona a nadie. La familia respondió con silencio. En la prepa, Manning no dio entrevistas, rechazó las primeras ofertas de beca y mantuvo privado su Instagram, abierto solo a amigos y entrenadores. Visitó Alabama, Georgia, LSU, Clemson y Ole Miss, la universidad de tres generaciones de Manning, y en junio de 2022 se comprometió con Texas.

En Austin tuvo que esperar su turno. Su primera temporada fue tercer mariscal, detrás de Quinn Ewers y Maalik Murphy, lanzó cinco pases y conservó un año de elegibilidad. En 2024 se volvió el suplente al que siempre llamaban: entró por un Ewers lesionado contra UTSA, lanzó cuatro pases de touchdown y corrió 67 yardas para otro más, y luego fue titular ante Louisiana-Monroe y Mississippi State, juego en el que completó 26 de 31 pases. Cerró ese año con 939 yardas, nueve touchdowns y dos intercepciones, una muestra tan corta que cabía cualquier pronóstico.

Ese fue el problema cuando el puesto quedó en sus manos. Texas abrió 2025 como número uno de pretemporada y Manning como candidato al Heisman y posible primera selección del draft. Perdió el debut en Ohio State 14-7, con 17 de 30 pases completos, y un mes después lo capturaron seis veces en la derrota 29-21 en Florida. The Athletic lo llamó el primer fracaso de la temporada colegial. Había algo de razón: completó apenas el 61 % de sus pases ese año y la precisión siguió siendo la crítica más repetida. Pero el resto del juicio comparaba a un mariscal con dos titularidades previas, detrás de una línea que no lo protegía, con unos tíos que necesitaron años en la NFL para llegar a donde llegaron. Su entrenador, Steve Sarkisian, calificó después esas críticas de irrespetuosas.

La segunda mitad de esa temporada dice mucho más. Contra Vanderbilt lanzó para 328 yardas y tres touchdowns y fue nombrado Jugador Ofensivo de la Semana en la SEC. Contra Arkansas fue el primer jugador en la historia de Texas en lanzar, atrapar y correr un touchdown en el mismo juego. En dos ocasiones apareció entre las estrellas de la semana del Manning Award, un premio que lleva el nombre de su abuelo y sus dos tíos. Corrió 35 yardas para el touchdown que selló el 27-17 sobre Texas A&M, que llegaba invicto, y en el Citrus Bowl ante Michigan sumó 155 yardas por tierra y 221 por aire, con una escapada de 60 yardas hasta las diagonales, para ser el jugador más valioso. Terminó con 3,163 yardas por pase, 26 touchdowns, siete intercepciones y diez anotaciones por tierra, en un equipo de 10-3 que se quedó sin playoff.

En diciembre de 2025 decidió quedarse. “Arch va a jugar futbol en Texas el próximo año”, le escribió su papá a ESPN, y los expertos del draft, que ya lo veían con menos entusiasmo, movieron su nombre a la generación de 2027. Era una apuesta de doble filo: una temporada más para cerrar la discusión, y una temporada más en la que la discusión podía voltearse.

Por ahora le sale bien. Texas va 4-0 y suma cuatro semanas seguidas en el primer lugar del ranking. Tras la remontada contra Ohio State del 12 de septiembre llegó un apretado 20-17 en Tennessee, con seis capturas y 201 yardas por pase, señal de que la ofensiva todavía le pide aguantar la presión más de lo que lo protege. En cuatro juegos lleva 63.5 % de pases completos, 862 yardas, siete touchdowns y tres intercepciones. El 30 de septiembre, TIME lo incluyó en su lista TIME100 Next, con un perfil escrito por Matthew McConaughey, fan confeso de los Longhorns.

Lo que sigue es el Red River Rivalry contra Oklahoma, el 10 de octubre en Dallas, un juego al que los Sooners llegan sin ranking, y eso solo hace más cara una derrota. Lo que Manning se lleva a ese estadio es menos una deuda con su familia que una pregunta que los Manning llevan veinte años contestando por otros: quién es este muchacho cuando el apellido deja de ser lo más interesante de él.

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