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Bijan Robinson y la garantía récord que reabre el debate del running back

Penelope H. Fritz
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Bijan Robinson
Bijan Robinson
Photo: Atlanta Falcons / CC BY 3.0, via Wikimedia Commons
Nacimiento30 de enero de 2002
Tucson
OcupaciónRunning back de futbol americano
Premios individualesPrimer equipo All-Pro · Segundo equipo All-Pro, polivalente · Pro Bowl · Premio Doak Walker · All-American por unanimidad · Equipo de novatos de la PFWA · MVP del Alamo Bowl

En Lambeau Field, la noche en que Kevin Stefanski consiguió por fin su primera victoria como head coach de los Atlanta Falcons, Bijan Robinson corrió 29 veces para 194 yardas y dos touchdowns. Con las recepciones pasó de 200 yardas totales. Para él ya es algo normal.

Kyle Hamilton, el safety de los Baltimore Ravens que tiene que taclearlo en el siguiente partido, lo resumió así: «Se necesitan once, porque puede hacer fallar a diez». Es el tipo de frase que los rivales repiten cada semana.

La duda real es cuánto valen esas yardas. Durante diez años la liga trató a los running backs como las piezas más fáciles de reemplazar, baratos en el draft y desechables en pocas temporadas. Robinson lleva toda su carrera llevándole la contraria a esa idea.

Fue la octava selección de su draft. La campaña pasada lideró la NFL en yardas desde la línea de golpeo, y este verano Atlanta le dio la mayor garantía que ha recibido un corredor fuera de un contrato de novato. El marcador no ha acompañado: los Falcons suman ocho temporadas seguidas sin récord ganador y Robinson nunca ha jugado en playoffs.

Su mamá lo nombró así por Bijan, el diseñador de moda nacido en Irán; en persa, el nombre suele traducirse como «héroe». Nació en Tucson, Arizona, en enero de 2002, y la posición ya era parte de la familia: su tío abuelo Paul Robinson fue running back de los Cincinnati Bengals y de los Houston Oilers.

En la preparatoria Salpointe Catholic impuso récords estatales de Arizona con 7,036 yardas por tierra y 114 touchdowns. En su último año sumó 2,235 yardas en solo 126 acarreos, casi 18 por cada balón.

Texas lo reclutó como prospecto de cinco estrellas. Como novato corrió 183 yardas en diez acarreos contra Colorado en el Alamo Bowl y fue el jugador más valioso. En su tercera temporada acumuló 1,580 yardas y 18 touchdowns, ganó el Doak Walker Award y fue All-American por unanimidad.

Atlanta lo eligió en el puesto ocho del draft de 2023 con un contrato de novato totalmente garantizado de 21.96 millones de dólares. El primer año fue raro. Arthur Smith, entonces head coach y encargado de las jugadas, repartió los acarreos con Tyler Allgeier, 214 contra 186.

En una victoria ante Tampa Bay, el novato jugó 11 snaps y tocó el balón una sola vez. Smith dijo que Robinson se empezó a sentir mal la noche anterior; el jugador habló de un fuerte dolor de cabeza. La liga multó a Smith por no reportarlo, y aun así Robinson lo defendió.

A Smith lo despidieron al terminar esa temporada. Con Raheem Morris, Robinson corrió 1,456 yardas y 14 touchdowns en 2024, tercero de la liga, y fue al Pro Bowl. En 2025 llegó a 1,478 yardas por tierra, 820 por aire y 2,298 desde la línea de golpeo, récord de la franquicia y el duodécimo total más alto en la historia de la NFL.

Fue All-Pro del primer equipo y finalista a Jugador Ofensivo del Año. Su touchdown de 93 yardas contra Los Angeles Rams fue la jugada de la temporada. Aun así, Atlanta terminó 8-9 los dos años.

Ahí está la lectura incómoda. Un corredor que toca el balón 366 veces puede sostener una ofensiva en plena crisis de quarterback, y los Falcons la vivieron: Michael Penix Jr. se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda en noviembre de 2025, por tercera vez en su carrera.

Lo que dicen las dos últimas temporadas es que Robinson no puede cargar solo a un plantel con huecos hasta enero. Atlanta ganó sus últimos cuatro juegos de 2025 y quedó fuera de playoffs por desempate; esa misma noche el equipo despidió a Morris y al gerente general Terry Fontenot. Para la escuela analítica que dice que un running back no cambia el número de victorias, su propio récord es el ejemplo perfecto. Quienes le pagan apuestan a que se equivocan.

La nueva directiva apostó fuerte. Matt Ryan, el quarterback dueño de casi todos los récords de pase del equipo, regresó como presidente de operaciones de futbol, y Stefanski llegó menos de dos semanas después de que Cleveland lo despidiera. En abril, los Falcons ejercieron la opción del quinto año de Robinson.

En el campamento hizo un hold-in, se presentó sin entrenar, algo que Stefanski describió como «muy amistoso». En agosto firmó una extensión de tres años por hasta 75 millones de dólares, con 51 millones garantizados y un promedio de 22.25 millones por año, arriba de los 20.6 millones de Saquon Barkley. Fue el running back mejor pagado de la historia durante un día, hasta que Detroit extendió a Jahmyr Gibbs. «Es uno de mis sueños, quedarme con un solo equipo», dijo.

La ofensiva de Stefanski se basa en carreras de zona amplia y play-action, jugadas que abren carriles de corte para alguien que cambia de dirección como Robinson. El arranque fue malo: dos derrotas, incluida la del debut contra Pittsburgh, en la que tocó el balón 29 veces para 173 yardas.

Penix volvió como titular en Green Bay, por primera vez desde la lesión, y todo cambió: 35-14 en Lambeau y luego 45-24 en el Monday Night de Nueva Orleans, con 145 yardas y dos touchdowns de Robinson en 19 acarreos. Tras cuatro semanas suma 494 yardas por tierra y Atlanta tiene marca de 2-2.

Fuera del emparrillado habla abiertamente de su fe cristiana, y en la universidad jugó con su propio nombre promocionando una mostaza Dijon texana llamada Bijan Mustardson. Tras el partido contra los Rams, el guard Chris Lindstrom dijo que era «probablemente la mejor persona, como individuo, que ha estado en un vestidor».

La siguiente prueba es el 11 de octubre, en casa contra Baltimore en el Sunday Night Football, el horario donde más brilla: según ESPN Research, promedia 145.5 yardas desde la línea de golpeo en partidos estelares, la mejor marca de cualquier jugador desde 1970. Las yardas ya no están en duda. Atlanta le paga para saber si un running back todavía puede llevar a un equipo a jugar en enero.

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