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Josh Jacobs, el corredor de los Packers que pasó de vivir en un auto al título de yardas

Penelope H. Fritz
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Josh Jacobs
Nacimiento11 de febrero de 1998
Tulsa, Oklahoma, United States
OcupaciónCorredor de fútbol americano
Premios individualesPremio Jim Brown · All-Pro de primer equipo · Líder en yardas terrestres de la NFL · Pro Bowl · Novato ofensivo de la PFWA · MVP del Juego de Campeonato de la SEC

Josh Jacobs siempre ha corrido como si el contacto fuera el propósito del ejercicio y no el precio que hay que pagar. Termina las carreras cayendo hacia adelante, quiere el balón cuando los Green Bay Packers llegan a la zona de anotación y, durante la mayor parte de su carrera, esa tenacidad fue toda la historia que se contaba sobre él. Ya no lo es. El corredor titular de los Packers volvió a jugar después de perderse el inicio de la temporada por estar en la lista de exentos del comisionado de la NFL, y ahora cada touchdown que anota llega mientras sigue abierta una investigación de la liga.

El argumento futbolístico a su favor cabe en una frase. El otro es más difícil, y se complicó aún más a finales de octubre, cuando los expedientes policiales divulgados en Wisconsin sumaron los testimonios de otras tres mujeres a un caso que comenzó con su arresto en primavera. Jacobs niega esos relatos por medio de sus abogados. La liga dice que los revisará. En algún punto entre esas dos declaraciones está el resto de su carrera.

Joshua Cordell Jacobs creció en Tulsa, Oklahoma, donde nació el 11 de febrero de 1998, y buena parte de lo que llegó a ser se remonta a los años posteriores a la separación de sus padres. Él y sus hermanos vivían con su padre, Marty, y durante un tiempo la familia se quedó sin hogar: se mudaban entre moteles baratos y, algunas noches, dormían en la Chevy Suburban de Marty, en las calles de Tulsa. Jacobs mantuvo esa etapa de su vida en privado hasta su tercer año en Alabama. Después de su temporada de novato en la NFL, contó su historia en un comercial de Kia que se transmitió durante el Super Bowl LIV y le compró una casa a su padre.

En McLain High School corrió para 5.372 yardas y 56 touchdowns, cifras lo bastante impresionantes para llevar a Alabama hasta Tulsa, pero que no le garantizaban el balón una vez que llegara a Tuscaloosa. Compartió el backfield con Damien Harris y Bo Scarbrough, pasó la mayor parte de la temporada 2017 jugando con un tobillo fracturado —algo que nadie fuera del programa sabía— y, en su último año, fue nombrado MVP del Juego de Campeonato de la SEC contra Georgia tras anotar dos veces. Los cazatalentos de la NFL veían en él a un corredor con las piernas frescas, porque Alabama lo había utilizado con moderación.

Los Oakland Raiders lo eligieron en el puesto 24 del draft de 2019, con una selección que habían obtenido de los Chicago Bears en el intercambio por Khalil Mack. Corrió para 1.150 yardas como novato, un récord de la franquicia para un jugador de primer año; fue nombrado Novato Ofensivo del Año por la PFWA y llegó al Pro Bowl en su segunda temporada. En abril de 2022, los Raiders rechazaron la opción de quinto año de su contrato, una forma de decir que la directiva no lo veía como una pieza a largo plazo.

Respondió con la mejor temporada de su carrera. En 2022 lideró la NFL con 1.653 yardas por tierra, sumó otras 400 como receptor y se convirtió en el primer jugador de los Raiders desde Marcus Allen, en 1985, en superar las 2.000 yardas desde la línea de golpeo. El partido que la gente recuerda fue contra los Seattle Seahawks: corrió para 229 yardas y anotó un touchdown de 86 yardas que terminó el encuentro en tiempo extra. Fue seleccionado al primer equipo All-Pro y recibió el primer Jim Brown Award en NFL Honors. A cambio, Las Vegas le ofreció la etiqueta de jugador franquicia, que no firmó hasta finales de agosto, y un contrato por un año que podía llegar a los 12 millones de dólares. Una lesión en el cuádriceps puso fin a su temporada 2023, en la que sumó 805 yardas.

Green Bay lo contrató en marzo de 2024 con un acuerdo de cuatro años y 48 millones de dólares, y en cuestión de semanas ya parecía una ganga. Corrió para 1.329 yardas y un récord personal de 15 touchdowns por tierra, volvió al Pro Bowl y le dio a la ofensiva de Jordan Love un corredor capaz de cerrar los partidos. En 2025, sus yardas bajaron a 929, pero aun así anotó 13 veces por tierra. El patrón de sus años en Green Bay quedó claro desde el principio: las yardas suben y bajan según el bloqueo que tenga por delante, pero los touchdowns siguen llegando.

Entonces llegó un caso que su trayectoria en el fútbol americano no puede responder. En mayo de 2026, el Departamento de Policía de Hobart-Lawrence, en el condado de Brown, Wisconsin, lo arrestó tras un altercado con quien entonces era su novia, ocurrido tres días antes. La NFL lo puso en la lista de exentos del comisionado el 30 de agosto y, el 10 de septiembre, se declaró nolo contendere ante cargos menores de agresión y daños a la propiedad; sus abogados dijeron que aceptaba la responsabilidad por sus actos. Se perdió los primeros seis partidos de la temporada antes de que la liga levantara la medida el 19 de octubre. La historia que hacía fácil alentar a Jacobs —el chico de la Suburban que nunca dejó de correr— sigue siendo la primera a la que recurre la cobertura deportiva. Pero esa historia no incluye su declaración de culpabilidad, y nada de lo que haga un domingo hará que la incluya.

El 30 de octubre, el departamento de policía divulgó el expediente del caso en respuesta a una solicitud de acceso a documentos públicos. Junto con la investigación de mayo, incluía los relatos de otras tres mujeres que se comunicaron con la policía después del arresto de Jacobs y describieron incidentes que situaron en 2021 y 2022. Ninguno dio lugar a cargos. Los abogados de Jacobs dicen que él niega los tres relatos; los califican de antiguos, sin corroborar y fáciles de refutar, y señalan que el fiscal de distrito del condado de Brown los tuvo durante meses y aun así solo presentó dos cargos menores. La NFL dijo que revisaría las acusaciones como parte de una investigación que nunca había cerrado.

En la cancha, su regreso ha sido una versión en miniatura de su carrera. En sus dos primeros partidos de vuelta, una derrota en Detroit y una victoria por 27-19 sobre los Carolina Panthers en Lambeau Field, cargó el balón 32 veces para apenas 75 yardas y aun así anotó tres touchdowns, dos de ellos en recepciones. Green Bay terminó esa semana con marca de 5-3, uno de los ataques terrestres menos productivos de la liga y un corredor que, de todos modos, sigue encontrando la zona de anotación.

Lejos del caso, los detalles que decide mostrar tienen que ver con su familia. Tiene ascendencia filipina por parte de su abuela paterna, originaria de Angeles City, cuyo retrato lleva tatuado en la mano izquierda, y juega con una bandera de Filipinas en el casco. Su hermano menor, Isaiah, jugó como corredor en UAB.

Los Packers visitan a los New England Patriots en el Gillette Stadium el domingo 8 de noviembre, y la liga no ha anunciado ningún cambio en su situación. Cuánto tiempo más permanezca en ese backfield depende menos del plan de juego de Matt LaFleur que de lo que decida la NFL sobre un expediente que volvió a crecer la semana pasada.

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