Actores

Russell Crowe, cuatro décadas resistiendo a Hollywood sin pedir permiso

El neozelandés que ganó el Oscar con Gladiador lleva cuarenta años haciendo exactamente lo que le da la gana. Hollywood nunca supo si eso era genialidad o terquedad. Probablemente las dos cosas.
Penelope H. Fritz

Russell Crowe no gestionó su carrera. La vivió. A los 62 años filma un reboot de Highlander en Escocia junto a Henry Cavill, viaja a Italia para presentar un thriller criminal en Taormina y arranca la producción de una épica druida en Barcelona. Tres proyectos activos simultáneos en una etapa de la vida en que la mayoría de los actores de su calibre están en modo retrospectiva. El actor que Hollywood llamó difícil sigue siendo el que más trabaja.

Crowe nació en Wellington, Nueva Zelanda, aunque se crio en Australia desde los cuatro años. Sus padres trabajaban en catering de sets cinematográficos, y él mismo apareció con cinco años en la serie australiana Spyforce. Dejó la escuela antes de terminar para dedicarse a la actuación —pero primero intentó la música. Grabó singles de pop bajo el nombre “Russ Le Roq” que no llegaron a ningún lado, y luego cofundó la banda 30 Odd Foot of Grunts, que duró más de veinte años. La música no fue un error de juventud. Fue el primer aviso de que este tipo hacía las cosas a su manera.

Su consagración australiana llegó con Romper Stomper (1992), un drama brutal de Geoffrey Wright en el que interpretó a un skinhead neonazi. Ganó el Premio AFI al Mejor Actor. Hollywood puso atención. Siguieron años de transición: la gira de The Rocky Horror Show como Dr. Frank N. Furter, televisión australiana, pequeñas apariciones en producciones estadounidenses. Hasta que llegó L.A. Confidential (1997) con Curtis Hanson y todo cambió.

El dilema (1999), el drama de Michael Mann sobre el denunciante tabacalero Jeffrey Wigand, le dio su primera nominación al Oscar. Crowe interpretó a Wigand con una tensión interior que contradecía todo lo que la prensa decía de él: que era impredecible, que era explosivo. En pantalla era exactamente lo opuesto. Un año después llegó El gladiador y el Oscar al Mejor Actor. Una mente brillante (2001) sumó una tercera nominación consecutiva. Tres en fila, lo que pocos actores logran en toda una carrera.

Lo que vino después confundió a la industria. Crowe eligió proyectos ambiciosos que no siempre funcionaron en taquilla: Capitán de mar y guerra (2003), 3:10 to Yuma (2007), American Gangster (2007). En 2005 protagonizó el incidente del teléfono en un hotel de Nueva York —uno de los episodios más citados de su supuesta difícil personalidad. La narrativa dominante fue que se estaba desperdiciando.

Esa narrativa tenía un problema: era falsa. Las películas que eligió en esos años no son películas de alguien que se rinde. Son las elecciones de un actor que decidió que hacer algo interesante valía más que repetir una fórmula ganadora. Los tipos malos (2016), la comedia negra de Shane Black en la que Crowe y Ryan Gosling desmontaron sus propias imágenes públicas, fue aclamada por la crítica y encontró legiones de fans años después del estreno. No era el comportamiento de alguien perdido.

La prueba más reciente llegó con Núremberg, estrenada en 2025. Crowe interpretó a Hermann Göring en el drama histórico de James Vanderbilt sobre los juicios de posguerra, con estreno mundial en el Festival de Toronto y distribución de Sony Pictures Classics. El 71% de críticas positivas en Rotten Tomatoes destacaron especialmente su trabajo. El Festival de Cine de Zúrich le entregó ese año un premio a la trayectoria. Ambas cosas se sostienen al mismo tiempo: la carrera ya tiene historia suficiente para honrarse, y él sigue produciendo trabajo que merece atención en el presente.

En junio de 2026 presenta Bear Country en Taormina —un thriller de crimen con Aaron Paul y Luke Evans sobre el mundo de los clubes nocturnos de Los Ángeles— mientras continúa la filmación de Highlander como Ramírez, el mentor inmortal de Connor MacLeod. Y en junio empieza The Last Druid, una épica de acción junto a Rose Leslie que se filma en Barcelona y las Islas Canarias. Su historia con Danielle Spencer terminó en divorcio; tiene dos hijos, Charles y Tennyson. Es copropietario de los South Sydney Rabbitohs, el club de rugby league australiano. El tipo que nadie pudo domesticar sigue, sencillamente, trabajando.

Etiquetas: , , ,

Discussion

There are 0 comments.