Actores

Tatiana Maslany lleva una década huyendo de su propio truco

Penelope H. Fritz

El truco que hizo famosa a Tatiana Maslany es el que más tiempo lleva tratando de no repetir. En Orphan Black interpretó a la protagonista y a casi una decena de sus propias compañeras de escena —caminados distintos, acentos distintos, estructura ósea distinta dentro del mismo rostro— y el papel le valió un Emmy que ningún canadiense había ganado antes en una categoría dramática principal por una serie canadiense. El problema vino después: Hollywood la archivó como la actriz que podía ser cualquiera, que es más cerca de un acto de magia que de una carrera.

Creció en Regina, Saskatchewan, hija de un carpintero y de una traductora francés-inglés que le enseñó alemán antes que inglés. A los cuatro empezó a bailar, a los nueve escribía obras para sus hermanos y a los diez ya estaba en el escenario del Regina Summer Stage, en Oliver! Terminó la prepa en el Dr. Martin LeBoldus Catholic High School en 2003. Medio semestre en la Universidad de Regina —alemán, griego antiguo, filosofía, psicología y cine al mismo tiempo— le bastó para cerrar el capítulo académico. A los veinte se mudó a Toronto y se puso a juntar papeles pequeños, los que toda actriz canadiense en activo va juntando a esa edad: una hija en Eastern Promises de David Cronenberg, una adolescente cualquiera en Heartland, el tercer rol en Being Erica.

Grown Up Movie Star, un drama chico filmado en Terranova, le dio un Premio Especial del Jurado en Sundance en 2010 y una primera mirada de Estados Unidos. The Vow la metió dos años después en un papel secundario de estreno amplio. Nada de eso anticipaba lo que vino. Orphan Black era una coproducción canadiense de bajo presupuesto con BBC America; el punto de partida eran clones; la decisión de casting fue que una sola actriz hiciera a todas y se las arreglara para que el espectador notara apenas, casi por accidente, que era la misma. Lo hizo durante cinco temporadas y acumuló cinco Canadian Screen Awards, dos Critics’ Choice Television, un TCA, el Emmy de 2016 y un lugar en la historia del medio al que la propia serie nunca terminó de llegar.

Qué hace después una intérprete así es la pregunta interesante, y su respuesta fue casi programática. Hizo de la joven Maria Altmann frente a Helen Mirren en La dama de oro, el drama sobre la restitución de arte expoliado durante el Holocausto. Después se metió en una tormenta de nieve de Terranova con Dane DeHaan y un oso de verdad para Two Lovers and a Bear, presentada en la Quincena de Realizadores de Cannes. The Other Half le valió un Canadian Screen como mejor actriz protagónica de largometraje. Sostuvo el plano frente a Jake Gyllenhaal en Stronger, el biopic sobre el atentado del maratón de Boston que solo funcionaba contado desde el punto de vista de la pareja. Y se puso en la piel de la hija de una detective corrupta de Los Ángeles frente a Nicole Kidman en Destroyer, de Karyn Kusama. Ninguno de esos papeles le pedía el número de los clones. Esa era la idea.

La crítica que la sigue desde 2017 es que la industria nunca terminó de encontrar para qué le servía lo que hizo en Orphan Black. El Emmy debía traducirse en algo; no se tradujo en lo que suele traducirse para una ganadora. Ha estado vinculada a proyectos que no se rodaron, ha protagonizado películas que se estrenaron pequeñas y aceptó dos papeles vitrina dentro de franquicias —She-Hulk: Defensora de héroes en 2022 y un personaje recurrente como madre de un oficial de la Flota Estelar en la ya cancelada Star Trek: Starfleet Academy este año— que se leen más como la industria probándole una talla que como ella probándose el papel. She-Hulk fue, en particular, un experimento extraño: una comedia de media hora dentro del universo serio de Marvel, mitad captura de movimiento, mitad demolición de la cuarta pared, que la crítica abrazó como tesis sobre las manías del estudio o archivó como traspié. Maslany cumplió con lo que la serie le pedía. Lo que no estuvo claro fue si la serie sabía qué hacer con ella.

El teatro le ha respondido mejor. Debutó en Broadway junto a Bryan Cranston en la Network de Ivo van Hove, en el papel de Diana Christensen que Faye Dunaway había hecho para Sidney Lumet décadas antes, y el público en vivo la vio trabajar la parte como una televisión incrustada dentro del teatro. Volvió con Laurie Metcalf en Grey House, dirigida por Joe Mantello, y después, fuera de Broadway, en Pre-Existing Condition, de Marin Ireland. Ninguno de esos montajes le pedía hacer más de una persona por noche. Eso, según ha contado en entrevistas, ha sido parte del atractivo.

Su año actual es una elección que dibuja una carrera más que la cierra. The Monkey, el Stephen King que dirigió Osgood Perkins y estrenó en 2025, la metió en un registro de género que apenas había probado. Y desde esta semana, en Apple TV, encabeza Maximum Pleasure Guaranteed, una comedia negra del creador David J. Rosen dirigida por David Gordon Green: interpreta a Paula, una mamá recién divorciada cuya pelea por la custodia se enreda con el asesinato de un camboy que la chantajeaba. Los dos primeros episodios se estrenaron el 20 de mayo y el resto se libera semana a semana hasta el 15 de julio. Las primeras reseñas comparan su trabajo con los mejores tramos de Orphan Black por una razón concreta: la serie, que ella también produce, está construida para mantenerla en una sola identidad durante diez episodios y verla romperla desde adentro. El elenco que la acompaña —Jake Johnson como exmarido, Murray Bartlett, Dolly de Leon, Charlie Hall, Brandon Flynn, Jon Michael Hill— le da gente real con quien chocar en lugar de versiones de sí misma a las que enfrentarse.

Vive en Los Ángeles con el actor Brendan Hines, con quien se casó en privado en 2022 y a quien presentó al mundo desde el sofá de Stephen Colbert. Su hermano menor Daniel también actúa, en Toronto; el otro, Michael, es animador. Su alemán sigue siendo mejor que su español.

Maslany lleva desde 2017 buscando un papel que le permita ser una sola persona a la vez y que aun así sienta que solo ella podía hacerlo. Paula, la mamá de la liga infantil con el camboy muerto y la hoja de cálculo del divorcio, es lo más cerca que ha estado. La próxima prueba llega el miércoles que viene.

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