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Mundial 2026, dieciseisavos de final: Egipto elimina a Australia en penales y Argentina sufre ante Cabo Verde

Jack T. Taylor

Egipto sobrevivió en penales. Argentina la pasó muy mal antes de avanzar. Colombia hizo lo suyo sin drama. El último día de los dieciseisavos de final del Mundial 2026 no lo decidió el equipo que jugó mejor, sino el que aguantó más. Tres clasificados, tres rutas distintas hacia la siguiente fase, y una lección que los tres comparten: en la instancia eliminatoria, el temple vale más que el juego bonito.

El hilo conductor de la jornada no fue táctico ni técnico. Fue el carácter. Quién pudo pararse frente al balón con el torneo en juego y aun así ejecutar con frialdad. Quién no pudo.

Egipto no parpadeó, Australia se rompió

El partido más exigente de la jornada fue Egipto contra Australia. Emam Ashour puso a los africanos en ventaja a los 13 minutos de cabeza, un remate al primer palo que golpeó la confianza australiana antes de que el partido encontrara su forma. La igualdad llegó de la peor manera posible para Egipto: Mohamed Hany metió el balón en su propio arco, su segundo autogol del torneo, para dejar el marcador 1-1 en la segunda mitad. Cuando un defensa le regala dos goles al rival en el mismo Mundial, la presión no es un concepto abstracto.

Con el empate instalado, el partido fue al tiempo extra y luego a penales. Ahí Egipto mostró exactamente de qué está hecho. Los cuatro pateadores africanos anotaron. Mohamed Salah, que llegó al punto penal con todo el peso de ser capitán y figura, eligió la Panenka: levantó el balón suave por el centro, confió en que el arquero se tiraría, y acertó. No hay patada más expuesta en el fútbol. Australia, en cambio, falló dos: Harry Souttar y Lucas Harrington, de apenas 18 años, enviados al punto de penal en un Mundial con el pase en juego. Egipto ganó 4-2 y avanzó. Australia se va a casa, no por el juego, sino por ese único instante donde la sangre fría separa a unos de otros.

Argentina sufrió como no se esperaba

Nadie en Miami apostaba a que Cabo Verde iba a complicar a la Argentina. Cabo Verde, la selección más pequeña que llegó hasta esta instancia, decidió que el papel era solo papel. Lionel Messi abrió el marcador a los 29 minutos y todo parecía encaminarse a una noche tranquila. No fue así. Deroy Duarte empató para Cabo Verde después del descanso y de repente Argentina corría detrás de un partido que debía controlar.

El tiempo extra intensificó el sufrimiento. Lisandro Martínez puso el 2-1 para Argentina, pero Sidny Lopes Cabral volvió a igualar en el minuto 103. Dos veces arriba, dos veces alcanzados. Argentina miró de frente la posibilidad de quedar eliminada. El gol que terminó con la agonía fue un rebote que entró en el arco caboverdiano, inicialmente adjudicado a Cristian Romero y luego declarado autogol. Argentina avanzó 3-2. Lo agradece, pero tiene que mirar de frente lo que pasó: un equipo con esa calidad no puede ser empujado hasta ese límite por una selección de 600.000 habitantes. Los dieciseisavos son más indulgentes que lo que viene. En los octavos de final, ese nivel de fragilidad se paga.

Colombia lo resolvió sin alarmas

Si el día necesitaba una contraparte, Colombia la proveyó. Jhon Arias anotó a los 14 minutos contra Ghana y Colombia simplemente no dejó que el partido se reabriera. Sin penales, sin tiempo extra, sin drama. Un gol, una defensa sólida, tres puntos y el clasificado sin que nadie siquiera sintiera el peligro. En una jornada donde Argentina sufrió dos empates tardíos y Egipto necesitó la tanda para avanzar, Colombia fue el único equipo que controló su partido de principio a fin. Ganar 1-0 sin que el rival jamás huela el empate es, a su manera, la forma más contundente de clasificar.

¿Y ahora qué?

Con los dieciseisavos cerrados, los octavos de final tienen su cuadro completo. Egipto llega con la confianza de haber sobrevivido una tanda de penales sin errores. Colombia llega con la calma de un equipo que nunca perdió el control de sí mismo. Argentina llega con el mayor talento individual del torneo y las preguntas más incómodas: ¿puede esta selección cerrar un partido sin que el rival la empuje al límite? En un Mundial donde las diferencias se adelgazan ronda a ronda, el temple ya no es un diferencial. Es el mínimo. Los que lo tienen avanzan. Los que no, se van a casa.

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