Análisis

The Mosquito Bowl, reseñas: el director Peter Berg filmó un memorial, no una cinta antibélica

Las primeras reseñas de The Mosquito Bowl coinciden en que Peter Berg sabe filmar una batalla. Se dividen sobre lo que su película de la Segunda Guerra Mundial dice de la guerra, y la promesa de Berg de contarla “sin politizarlo” explica por qué.
Molly Se-kyung
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Dos de las primeras reseñas de The Mosquito Bowl llegaron a veredictos opuestos sobre lo que la película dice de la guerra. Pete Hammond, de Deadline, llamó al drama de Peter Berg sobre la Segunda Guerra Mundial “una de las películas antibélicas más efectivas que he visto”. Angie Han, en The Hollywood Reporter, encontró una cinta tan aferrada a la idea del sacrificio noble que se niega a mirar aquello que a sus propios soldados les enseñaron a desear.

Las dos lecturas se sostienen porque Berg armó la película para no tener que elegir. Le dijo a Esquire que quería mostrar los horrores de la guerra “sin politizarlo”, y una película bélica que se niega a argumentar le deja el argumento a quien la ve. Nuestra lectura de las primeras reseñas es que The Mosquito Bowl es antes que nada un memorial, y solo se vuelve una película antibélica si el espectador pone el argumento. Justo en esa distancia entre una cosa y otra es donde los críticos toman caminos distintos.

La diferencia importa a quien está decidiendo entre comprar un boleto de cine ahora o esperar a Netflix. Un memorial le pide a su público que honre a los hombres en pantalla. Una película antibélica le pide que cuestione qué los puso ahí. Quien espere una película de futbol americano encontrará, según todos los testimonios, muy poco futbol. Quien espere un ajuste de cuentas con la guerra quizá se tope con una cinta que le da la vuelta con mucha cortesía.

Qué es The Mosquito Bowl y en qué coinciden las reseñas

La película adapta el libro de no ficción de Buzz Bissinger The Mosquito Bowl: A Game of Life and Death in World War II. Bissinger, autor de Friday Night Lights, reconstruyó un partido real: una Nochebuena en Guadalcanal, sesenta y cinco marines de los regimientos 4.º y 29.º de la 6.ª División de Marines jugaron entre sí en un campo de tierra, piedras y coral mientras entrenaban para la invasión de Okinawa, de acuerdo con Military Times. Cerca de 1,500 marines lo vieron, y el juego se transmitió por la Mosquito Network, el servicio de radio de las fuerzas con sede en Guadalcanal.

Berg escribió el guion con Mark L. Smith y eligió a Nicholas Galitzine, Bill Skarsgård, Ray Nicholson y Tom Francis como cuatro estrellas universitarias que se enlistan después de Pearl Harbor: John McLaughry, de Brown; Bob Bauman y David Schreiner, de Wisconsin, y Tony Butkovich, de Purdue. Es un reencuentro. Berg y el productor Brian Grazer hicieron la versión cinematográfica de Friday Night Lights a partir del libro anterior de Bissinger, y Netflix estrena esta a través de Film 44, la compañía de Berg, e Imagine Entertainment, la de Grazer.

En lo técnico, las reseñas van de la mano. Hammond califica la película como “uno de los trabajos más impresionantes de Berg”, le atribuye la camaradería del elenco a la decisión de filmar en orden cronológico y destaca la fotografía de Jacques Jouffret y la música de Explosions in the Sky, en palabras de Hammond “colaboradores habituales de las películas de Berg”. La reseña de Han, la más dura de las primeras, igual señala los elementos técnicos como “la gran virtud que la salva” y sostiene que sus secuencias de combate “se ven amplias y auténticas”. Matt Neglia, de Next Best Picture, en palabras que retomó un resumen de MovieWeb con las primeras reseñas, reconoce “actuaciones cautivadoras de Skarsgård, Nicholson y Francis”. Nadie discute que Berg sepa filmar una batalla.

Dónde se dividen las reseñas de The Mosquito Bowl

El desacuerdo está en el significado. Hammond escribe que la película mete al público “directamente en el centro del infierno de la guerra” y que “nunca recurre a sermones ni a falsas poses patrioteras de porra”. En esa lectura, la inmersión es la declaración: si la masacre se muestra con suficiente crudeza, no hace falta ningún discurso. La reseña de Deadline cierra con la idea de que la película “debería hacer que cualquier líder piense a fondo en el precio humano que se paga cada vez que empieza una”.

Han lee esa misma contención como una evasión. La reseña de The Hollywood Reporter apunta que la película abre con un epígrafe de Herbert Hoover sobre los hombres mayores que declaran la guerra y los jóvenes que pelean y mueren en ella, y observa que ese es “el tema de más o menos todas y cada una de las películas bélicas que se han hecho”. La acusación más filosa tiene que ver con lo que la película se niega a examinar. Según Han, Bauman anuncia en el campo de entrenamiento que está ahí “para aprender a matar japoneses”, y la película “nunca se detiene a reexaminar su entusiasmo ni sus motivos”. El veredicto: The Mosquito Bowl está “tan entregada a la idea del servicio en tiempos de guerra como un acto de noble sacrificio” que se niega a enfrentar de manera directa las corrientes más turbias de la cultura militar.

La reseña de Neglia queda a medio camino y describe una película “contada con respeto por quienes dieron su vida por este país” que, aun así, “no puede evitar sentirse derivada de obras mayores que la antecedieron”. Respeto es la palabra que vale la pena guardar. Nombra una actitud hacia los muertos, no una postura sobre la guerra que los mató.

La promesa de Peter Berg: dejar The Mosquito Bowl fuera de la política

Berg fue inusualmente claro sobre sus intenciones. En declaraciones a Esquire, que retomó el sitio de cultura militar We Are The Mighty, describió la película como un memorial cinematográfico para las siguientes generaciones: “Quiero que sus hijos y sus nietos lo entiendan”. El objetivo, dijo, era “una experiencia inmersiva y visceral, a través de los ojos de estos cuatro jóvenes, de las realidades de la guerra, de los horrores de la guerra”, y lograrlo “sin politizarlo”. CBS News armó su propio reportaje con el director, presentado por el corresponsal de seguridad nacional David Martin, alrededor del costo humano de la guerra.

Esa última frase explica la división mejor que cualquier diferencia de gustos. Una película que se niega a tomar postura sobre la guerra no se vuelve neutral. Se convierte en una pantalla para las convicciones de quien la ve. Quien crea que una representación honesta del combate ya es una acusación verá una película antibélica. Quien espere que una historia de guerra cuestione las creencias de sus personajes, y no solo su sufrimiento, verá una omisión. Las dos lecturas describen la misma contención.

El lenguaje del propio Bissinger apunta hacia el mismo lado. En una entrevista con The Guardian, que citó We Are The Mighty, llamó al partido “la última vez que a estos tipos se les permitió ser muchachos”. Su padre, Harry G. Bissinger, sirvió en el 4.º Regimiento de Marines en Guadalcanal y después en Okinawa y, según el autor, “no hablaba de eso” porque “era demasiado doloroso”. Es el vocabulario de la memoria: un hijo que honra un silencio en vez de romperlo, y un director que les promete a los nietos que van a entender.

El mejor argumento a favor de The Mosquito Bowl como película antibélica

La postura de Hammond merece su versión más fuerte. Las películas bélicas que sermonean suelen envejecer mal, y un discurso sobre la inutilidad de la guerra en boca de un hombre que se ofreció como voluntario después de Pearl Harbor sonaría falso. Desde esta perspectiva, negarse a editorializar es una forma de respeto por el registro histórico. Eran jóvenes que se enlistaron, creían en la causa y, en muchos casos, murieron por ella. Una película que juzgara sus creencias desde la comodidad de la mirada retrospectiva sería condescendiente con ellos, y un público que los ve morir sin comentarios tiene que sacar la conclusión por su cuenta. El horror, mostrado sin filtro, hace el trabajo de argumentar. La frase de Hammond sobre evitar “falsas poses patrioteras de porra” resume la idea: la película no glorifica la guerra, da testimonio de ella.

El problema es que dar testimonio siempre es selectivo. Según Han, la película registra la frase de Bauman en el campo de entrenamiento y luego avanza “hacia un final directamente heroico”. Mostrar lo que la guerra les hizo a cuatro hombres es un tipo de honestidad. Mostrar en qué les pidió la guerra que se convirtieran, y quedarse ahí, es otro, y es el que separa un memorial de una película antibélica. Han cuenta además que la película se congela en fotos en blanco y negro, algunas sacadas de archivos reales, “para enfatizar que lo que estamos viendo pasó de verdad”. Sea cual sea su intención, ese recurso le dice al público que guarde luto. No invita a nadie a cuestionar.

Nada de esto hace de The Mosquito Bowl una mala película ni una película deshonesta, y nada de lo que se dice aquí sustituye verla. El punto es más acotado. Si se juzga por el objetivo declarado de su director y por lo que dicen sus propias reseñas, la etiqueta antibélica es una lectura que la película permite, no un argumento que sostenga. Para un memorial, es una decisión legítima. También es la razón por la que, después del estreno, una reseña habló de los líderes que empiezan guerras y otra, de lo que la película no quiso mirar.

Lo que está confirmado sobre The Mosquito Bowl y lo que sigue abierto

Lo básico está claro. The Mosquito Bowl tuvo su estreno mundial en el AFI Fest, en el TCL Chinese Theatre de Los Ángeles, el 22 de octubre de 2026, con Bissinger y marines en servicio activo en la alfombra roja, según Deadline. Llega a un número limitado de cines de Estados Unidos el 30 de octubre y a Netflix el 25 de noviembre. Deadline reporta una duración de dos horas y seis minutos y una clasificación R. El partido que retrata se jugó el 24 de diciembre de 1944, y el libro de Bissinger se publicó en 2022.

Algunos detalles cambian según la fuente. Military Times, citando a Bissinger, cuenta sesenta y cinco jugadores y quince muertos en Okinawa; la reseña de Hammond ubica las cifras en sesenta y cuatro y catorce, con tres de los cuatro hombres que sigue la película entre los caídos. La pregunta de fondo es de interpretación, no de hechos: si la contención de la película es una declaración antibélica, como sostiene Deadline, o una negativa “a mirar directamente a las sombras”, como dice The Hollywood Reporter. Las propias palabras de Berg se inclinan hacia el memorial. Estos juicios vienen de quienes vieron la película, no de nosotros.

Lo que resuelven las primeras reseñas es menos de lo que sugieren sus titulares. Berg sabe meter al público en una trinchera. Si la película llega a preguntarse por qué había alguien ahí es la pregunta que las reseñas respondieron de forma distinta, y la que su director decidió no tocar. A partir del 25 de noviembre, los suscriptores de Netflix tendrán la misma elección que tuvieron los críticos: verla como un homenaje o hacerse la pregunta que la película no se hace.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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