Críticas

35 años de El silencio de los inocentes, el único filme de terror con el Óscar a mejor película

Jun Satō
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La adaptación que Jonathan Demme hizo en 1991 de la novela de Thomas Harris arrasó con los cinco Óscar principales, convirtió a Hannibal Lecter en el villano que el American Film Institute colocaría como el mayor de todos los tiempos y abrió una franquicia que sigue activa. En octubre de 2026, Criterion Collection lanzó una nueva restauración en 4K, supervisada por su director de fotografía.

El silencio de los inocentes (The Silence of the Lambs) sigue a Clarice Starling (Jodie Foster), una joven aspirante de la Academia del FBI en Quantico a la que saca de clase Jack Crawford (Scott Glenn), jefe de la Unidad de Ciencias del Comportamiento de la agencia. Oficialmente, quiere que entreviste a un psiquiatra encarcelado para un estudio de investigación. En realidad, espera que ella logre sacarle algo útil sobre Buffalo Bill, un asesino serial que mata a mujeres jóvenes y les quita la piel, y el psiquiatra en el que piensa es el doctor Hannibal Lecter (Anthony Hopkins), un clínico brillante y caníbal recluido en el Hospital Estatal de Baltimore para Criminales Dementes.

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Lecter descubre el pretexto de inmediato, pero sigue el juego con sus propias reglas. Le ofrece pistas a Starling a cambio de fragmentos de su vida, un quid pro quo que la regresa a la muerte de su padre, un policía asesinado cuando ella tenía diez años, y a un invierno en el rancho de un pariente en Montana. La negociación se vuelve urgente cuando Buffalo Bill secuestra a Catherine Martin (Brooke Smith), hija de una senadora de Estados Unidos, y Lecter ve en la crisis la oportunidad de negociar su traslado lejos de las manos del director del hospital, el doctor Frederick Chilton (Anthony Heald).

A partir de ahí, la película avanza por dos vías al mismo tiempo: la investigación de Starling, que la lleva desde una bodega de almacenamiento y la casa de un sastre de Ohio hasta el asesino, y los planes del propio Lecter, que tienen muy poco que ver con ayudar al FBI. El caso se resuelve en una casa de Ohio, y la escena final, que este artículo no va a tocar, tiene su propio lugar en la historia de los diálogos del cine.

Un proyecto que empezó con Gene Hackman

La fuente es la novela de Thomas Harris de 1988, el segundo de sus libros protagonizado por Lecter después de Dragón rojo (1981), que Michael Mann ya había llevado al cine como Manhunter en 1986. Antes incluso de que se publicara la nueva novela, Orion Pictures se había asociado con Gene Hackman para adaptarla, con Hackman como director y como intérprete de Crawford o de Lecter, y ambas partes acordaron dividirse el costo de los derechos, de 500,000 dólares. El personaje en sí pertenecía a Dino De Laurentiis, productor de Manhunter, y como esa película había fracasado en taquilla, le prestó los derechos a Orion sin cobrar nada.

Ted Tally, un dramaturgo que se había cruzado con Harris varias veces y que había recibido de él un ejemplar anticipado del libro, fue contratado para escribir la adaptación en noviembre de 1987. Llevaba más o menos la mitad de su primer borrador cuando Hackman dejó el proyecto, al parecer porque sus hijos querían que dejara de hacer películas violentas, y el financiamiento se vino abajo. Mike Medavoy, cofundador de Orion, le pidió a Tally que siguiera escribiendo mientras el estudio buscaba director. Amblin Entertainment lo rechazó, y Orion recurrió a Jonathan Demme, que se sumó después de leer la novela. Tally recordó tiempo después que los dos se conocieron en mayo de 1989 y que para noviembre ya estaban filmando.

La elección era menos obvia de lo que hoy parece. Demme se había iniciado en los años setenta con películas de explotación para Roger Corman, empezando por Caged Heat (1974), y había construido su reputación con comedias cálidas y excéntricas como Melvin y Howard, Something Wild y Married to the Mob, además de Stop Making Sense, la película-concierto de Talking Heads. El silencio de los inocentes fue su primer thriller a gran escala. Mantuvo cerca a su antiguo mentor: Roger Corman aparece en la película como director del FBI, el cantante Chris Isaak interpreta a un comandante del SWAT y George A. Romero, director de La noche de los muertos vivientes, tiene un papel sin crédito como carcelero.

Cómo se eligió a Clarice Starling y a Hannibal Lecter

Jodie Foster quiso interpretar a Starling en cuanto leyó la novela, y acababa de ganar el Óscar a mejor actriz por The Accused (1988). Aun así, Demme no estaba convencido al principio. Su primera opción fue Michelle Pfeiffer, protagonista de su Married to the Mob, que rechazó el papel porque el tema la ponía nerviosa. Meg Ryan también lo declinó, por rechazo a la violencia, y el estudio dudaba de que Laura Dern fuera una apuesta rentable en taquilla. Foster se quedó con el papel en gran medida gracias a su compromiso con el personaje.

Para Lecter, Demme buscó primero a Sean Connery, que dijo que no. El papel se le ofreció entonces a Anthony Hopkins por su trabajo en El hombre elefante (1980). Hopkins contó que escuchó el título de boca de su agente y le preguntó si era un cuento infantil, y que lo volvió a llamar después de leer diez páginas para decirle que era el mejor papel que había leído en su vida. Aceptó después de una cena con Demme. Al Pacino, Robert De Niro, Dustin Hoffman, Jeremy Irons, Derek Jacobi y Daniel Day-Lewis estuvieron entre los otros nombres considerados. Hopkins dijo que se inspiró en la computadora HAL 9000 de 2001: Odisea del espacio para la voz de Lecter, y que la decisión de interpretarlo inmóvil y sin parpadear no tomó como modelo a Charles Manson, como algunos supusieron. La máscara de contención que se convirtió en la imagen más reproducida de la película la fabricó Ed Cubberly, de Frenchtown, Nueva Jersey, un artesano que había hecho máscaras para porteros de la NHL.

Scott Glenn preparó a Crawford pasando un tiempo en Quantico con el perfilador del FBI John Douglas, quien le mostró las instalaciones y le puso grabaciones en las que dos asesinos seriales relataban sus crímenes. Según Douglas, la experiencia hizo llorar a Glenn y cambió su postura sobre la pena de muerte. Ted Levine fue elegido para interpretar a Jame Gumb, el hombre detrás del apodo de Buffalo Bill, con Brooke Smith como Catherine Martin, Diane Baker como su madre, la senadora Ruth Martin, Kasi Lemmons como Ardelia Mapp, compañera de clase de Starling, y Frankie Faison como el camillero Barney.

Pittsburgh, Quantico y una orquesta en Múnich

Jodie Foster como Clarice Starling en El Silencio de los Inocentes (1991), dirigida por Jonathan Demme
Jodie Foster como Clarice Starling en El Silencio de los Inocentes (1991).

La filmación principal se extendió del 15 de noviembre de 1989 al 1 de marzo de 1990, sobre todo en Pittsburgh, Pensilvania, y sus alrededores. El exterior del Western Center, cerca de Canonsburg, funcionó como el hospital de Baltimore, y una casa victoriana de Perryopolis se convirtió en el hogar de Buffalo Bill; cuando salió a la venta en agosto de 2015, se ofreció en 300,000 dólares y se vendió casi un año después en 195,000. Una escena ambientada en la oficina del director del FBI se filmó en la oficina en Washington de la entonces secretaria del Trabajo, Elizabeth Dole. En un gesto de cooperación poco común para la época, el FBI permitió filmar en su academia de Quantico, y parte de su personal hizo papeles pequeños. El diseño del sótano de Gumb se basó en el caso real de Gary M. Heidnik, que mantuvo a varias mujeres cautivas en un foso en Filadelfia.

Detrás de cámara, Demme trabajó con su director de fotografía de cabecera, Tak Fujimoto, y con el editor Craig McKay, quien recibió una nominación al Óscar. La música la compuso Howard Shore y la grabó en Múnich, en la segunda mitad del verano de 1990, la Orquesta Sinfónica de Múnich (Munich Symphony Orchestra). Shore dijo que su objetivo era que la música se integrara al tejido de la película para que el público no la notara como un elemento aparte, y describió a Demme como alguien muy específico sobre lo que quería; los dos volvieron a trabajar juntos en Filadelfia. La banda sonora también usa canciones ya existentes, entre ellas Hip Priest, de The Fall, y Goodbye Horses, de Q Lazzarus, que se volvió un éxito de culto después de aparecer en la película.

Cinco Óscar, un éxito de taquilla y una polémica que no se apaga

La película se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde Demme ganó el Oso de Plata a mejor dirección, y llegó a los cines de Estados Unidos el 14 de febrero de 1991. Recaudó casi 14 millones de dólares en 1,497 salas durante el fin de semana largo de cuatro días del Día de los Presidentes, se mantuvo en el primer lugar durante cinco semanas y terminó con 272.7 millones de dólares en todo el mundo frente a un presupuesto de 19 millones, la quinta mayor recaudación del año. En Londres, su distribuidora promocionó su semana de estreno en el Odeon Leicester Square como un récord mundial para una sola sala.

En la 64.ª entrega de los Óscar, en marzo de 1992, El silencio de los inocentes ganó mejor película, mejor dirección, mejor actor, mejor actriz y mejor guion adaptado. Fue apenas la tercera película en llevarse los cinco, después de Sucedió una noche y Atrapado sin salida, y ninguna otra lo logró desde entonces. Sigue siendo la única película de terror que ganó el Óscar a mejor película. Sus otras dos nominaciones, a sonido y edición, fueron para Terminator 2: El juicio final y JFK. Más adelante, el American Film Institute nombró a Lecter el mayor villano del cine estadounidense y colocó a Starling en el sexto lugar de su lista de héroes, y en 2011 la película fue seleccionada para su preservación en el National Film Registry de la Biblioteca del Congreso.

La película ha generado debate durante tanto tiempo como ha sido celebrada. Críticos gays y feministas objetaron en su momento el retrato de Buffalo Bill, y más tarde críticos trans la señalaron como uno de los ejemplos más influyentes de transmisoginia en la cultura popular, porque el diagnóstico de Lecter de que Bill no es realmente transexual se presenta como la última palabra sobre el tema. Jonathan Demme respondió que el personaje no era gay, sino un hombre atormentado que se odiaba a sí mismo, y dijo que el debate lo hizo consciente de los pocos personajes gays positivos que existían en el cine. Años después, el productor Edward Saxon reconoció que el equipo no fue lo bastante sensible al daño que podían causar esos estereotipos, y Ted Levine dijo que partes de la película no habían envejecido bien.

La franquicia sobrevivió a la participación de sus creadores. Foster y Demme declinaron regresar para Hannibal (2001), que solo recuperó a Hopkins; él volvió a interpretar a Lecter en Dragón rojo (2002), y Gaspard Ulliel tomó la estafeta en Hannibal: El origen del mal (2007). La televisión sumó Hannibal (2013-2015) y Clarice (2021), con Rebecca Breeds como Starling. La película en sí sigue regresando: cuando se reestrenó en el Reino Unido en 2017, la British Board of Film Classification bajó su clasificación de mayores de 18 a mayores de 15 años, y por su 35.º aniversario Fathom Entertainment la devolvió a los cines estadounidenses el 26 y el 29 de abril de 2026 en una nueva remasterización en 4K. En octubre de 2026, Criterion Collection lanzó una edición en 4K con una restauración supervisada por Tak Fujimoto, una introducción de Jodie Foster y un comentario en audio de 1994 grabado por Demme, Foster, Hopkins, Ted Tally y John Douglas.

Jonathan Demme murió en 2017, y El silencio de los inocentes sigue siendo la película más ligada a su nombre, aunque el resto de su carrera, de Filadelfia a sus documentales y películas-concierto, se parezca muy poco a ella. Tal vez esa sea la forma más útil de verla hoy: como un thriller hecho por un director sin un apego especial al género, construido alrededor de un personaje que Hollywood ya había intentado convertir en un éxito sin lograrlo, y que terminó ayudando a fijar el molde de las historias de asesinos seriales que vinieron después. Treinta y cinco años más tarde, la restauración le da a un nuevo público la oportunidad de decidir cuánto de esa reputación sigue en pie.

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