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GKIDS rescata Death (True)², el filme de Evangelion que Hideaki Anno se negaba a terminar

Liv Altman

Pocas películas discuten consigo mismas como lo hace Evangelion: Death (True)². Es un largometraje ensamblado casi por entero a partir de una serie de televisión, con escenas tomadas de más de veinte episodios y barajadas fuera de orden, luego recortadas otra vez, y otra, hasta que el propio título terminó cargando una nota al pie que insistía en que esta versión, por fin, era la verdadera. El resultado es uno de los objetos más extraños de la historia del anime: una cinta construida con la memoria de un programa, editada en una forma que sus mismos creadores se negaban a llamar terminada.

Esa inquietud es justamente el punto. Donde la mayoría de las películas de compilación aplastan una serie hasta dejarla en un resumen de momentos destacados, esta trata el reensamble como un acto de interpretación, trenzando a cuatro pilotos adolescentes y a los adultos que los comandan en un solo crescendo. Los chicos se meten en enormes armas humanoides para pelear contra cosas llamadas Ángeles; los mayores que los amarran resultan, si acaso, más rotos que ellos. Despojada del ritmo semanal, la historia deja de ser un serial de monstruo por episodio y se vuelve un estudio de personas que no pueden ser reparadas, solo reenviadas al frente.

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Un montaje de esta escala vive o muere por sus voces, y el elenco japonés que regresa es lo que mantiene unido el collage. El Shinji Ikari de Megumi Ogata sostiene el centro tembloroso de todo el asunto; la Misato Katsuragi de Kotono Mitsuishi aporta el falso brillo que no deja de resquebrajarse; Megumi Hayashibara y Yuko Miyamura, como Rei Ayanami y Asuka Langley Soryu, le dan a la película los dos polos alrededor de los cuales gira la serie entera. A través de fragmentos sacados de puntos muy distintos del recorrido, esas interpretaciones son el tejido conectivo, la prueba de que esto es un solo derrumbe continuo y no un desfile de clips.

Hideaki Anno siempre fue un realizador incapaz de dejar en paz su propia obra, y esta es la evidencia más temprana de ello. Codirigida con Masayuki y Kazuya Tsurumaki, la cinta pertenece a un linaje de cineastas que reabren trabajos ya terminados y llaman a la nueva versión la verdadera, el mismo impulso que produjo varios cortes de Blade Runner y una pasada más larga y más rara de Apocalypse Now. Anno pasaría después años haciéndolo a escala de largometraje, rehaciendo la franquicia entera desde cero. La compulsión arranca aquí, con un creador revisando un texto en público, frente a un público que ya se había aprendido de memoria el primer borrador.

La película de compilación es una forma vieja y algo desprestigiada, casi siempre un parche contractual o una manera de revender la televisión a quienes ya la vieron. Lo que mantiene esta en pie es que nunca finge que las costuras no están ahí. La edición en desorden pone en primer plano el acto de armado, así que el espectador se queda a medias consciente de mirar una máquina que ordena sus propios recuerdos. Se siente más cerca de un remix que de un resumen, y lanza una pregunta genuinamente moderna: una vez que una historia ha sido contada, recontada y revisada, ¿qué versión se gana el derecho de ser la canónica?

Vista desde lejos, la cinta se ubica en un cruce raro dentro de cómo el medio cuenta sus historias. El anime televisivo llevaba mucho tiempo devolviendo sus éxitos a las salas como recopilatorios, pero pocos se atrevían a tratar el resumen como una obra nueva con lógica propia. Esta sí lo hace, y al hacerlo anticipa toda la economía moderna de la remasterización, la edición extendida y el recorte para streaming, donde la versión definitiva es simplemente la que el autor decide publicar de último. Es una película pequeña que carga un argumento enorme sobre a quién le pertenece una historia después de haber sido contada.

Nada de eso la convierte en un sustituto de la serie que saquea. Quien entre en frío se topará con un desenfoque hermoso y castigador, porque las deudas emocionales que cobra el montaje se acumularon a lo largo de dos docenas de episodios que no puede saldar del todo en poco más de una hora. La marca (True)² vende la revisión como si fuera conclusión, pero el programa se detiene a propósito antes de cualquier final. En su primera noche se proyecta junto a Rebirth, un fragmento que se corta a mitad de una idea, y la conclusión real llega solo como una entrada aparte la tarde siguiente. Lo que vuelve a las salas es un puente diseñado desde siempre para dejarte varado.

A still from EVANGELION DEATH TRUE 2 directed by Hideaki Anno, two Evangelion units facing off (1998)
Two Evangelion units clash in EVANGELION: DEATH (TRUE)² (1998)

Los principales acreditados pasan directamente de la serie que la engendró: Ogata, Mitsuishi, Hayashibara y Miyamura, con Akira Ishida como el inquietantemente amable Kaworu Nagisa y Fumihiko Tachiki como el glacial Gendo Ikari. La animación salió de Gainax y Production I.G, con Tatsunoko Production y Toei involucradas, y el corte terminado dura unos compactos sesenta y nueve minutos. GKIDS se encarga del regreso norteamericano bajo su estandarte Evangelion 30th Movie Fest, parte de una ola más amplia de reestrenos de aniversario que arrastran a la franquicia de vuelta a la pantalla grande.

El programa Death (True)² & Rebirth llega a las salas de Estados Unidos el 21 de julio de 2026, con funciones en Canadá al día siguiente, el 22 de julio, en cines AMC y Cinemark participantes; The End of Evangelion se proyecta como su propio evento esa segunda noche. El corte llegó por primera vez a las pantallas japonesas en 1998. Tres décadas después, una película que nunca terminó de decidir que estaba concluida recibe una pasada más frente a un público. No hay un estreno en cines mexicanos confirmado para esta reposición de 2026; el evento es la reedición norteamericana de GKIDS (Estados Unidos, 21 de julio; Canadá, 22 de julio).

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