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¡Huye! sigue siendo el grito más certero del terror contemporáneo

Jordan Peele debutó en 2017 con un thriller racial que sacudió Hollywood y ganó el Óscar al mejor guion original.
Martha O'Hara
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El primer plano de un hombre negro caminando por una calle suburbana de noche, hablando por teléfono mientras un auto se acerca lentamente, es el anzuelo perfecto para sumergirnos en el mundo de ¡Huye!. Esta escena inicial, tensa y llena de presagio, establece el tono del thriller psicológico dirigido por Jordan Peele. Chris Washington (Daniel Kaluuya), un fotógrafo negro que viaja a la casa de los padres de su novia blanca, Rose Armitage (Allison Williams), se encuentra atrapado en una pesadilla de racismo, hipnosis y trasplantes cerebrales.

Peele, conocido hasta entonces por su trabajo en comedia, debuta como director con una película que desafía las convenciones del género sin abandonarlas: el horror opera aquí sobre el racismo sistémico y la apropiación cultural, pero lo hace mediante la maquinaria precisa del thriller. La trama sigue a Chris mientras descubre los horrendos secretos de la familia Armitage, cuya hospitalidad inicial se desmorona para revelar sus verdaderas intenciones. La película explora la objetivización del cuerpo negro y la explotación racial de manera directa y perturbadora.

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Lo que funciona en ¡Huye! es su capacidad para equilibrar el horror con el humor sutil y la sátira social. Kaluuya hace un trabajo formidable: el miedo de Chris no se anuncia, se filtra por el cuerpo—una rigidez en el hombro, una mirada que tarda un segundo de más. Las escenas de hipnosis con Missy Armitage (Catherine Keener) son las más precisas de la película: el sonido de la cuchara rozando la taza de té funciona como detonador hipnótico, y cada vez que lo escuchamos ya estamos preparados para el horror aunque el personaje no lo esté. Ese instrumento de control —el “lugar hundido” donde la conciencia de Chris queda atrapada mientras su cuerpo es manejado por otros— es la metáfora más certera de la película: lo que se siente cuando te hablan, te gestionan, te poseen.

El elenco secundario hace el peso que se le pide. Allison Williams construye a Rose con una economía desconcertante: la sonrisa perfecta, la voz suave, la comodidad absoluta de alguien que nunca ha necesitado ser otra cosa. Bradley Whitford y Catherine Keener, como Dean y Missy, sostienen el horror de la película en sus momentos más silenciosos—en cómo Dean cambia de tema, en cómo Missy escucha.

Peele maneja el ritmo con precisión; su guión dosifica las revelaciones con tal cálculo que el espectador apenas tiene tiempo de procesar un giro antes de que llegue el siguiente. La película retoma los recursos convencionales del terror —la casa aislada, los extraños con secretos— pero los desplaza hacia la dinámica racial norteamericana para generar un horror de naturaleza completamente distinta. Las escenas de suspenso, como cuando Chris descubre las fotos de Rose con otros hombres negros, están bien construidas y filmadas con una tensión que no necesita efectismos.

La película construye su atmósfera con herramientas visuales y sonoras que trabajan en la misma dirección: los colores fríos y los tonos pastel de la casa Armitage crean un contraste entre lo que la familia aparenta y lo que oculta, mientras que la alternancia entre tomas largas y primeros planos íntimos genera una claustrofobia progresiva. La música—piano y cuerdas que no buscan el suspenso de golpe sino que lo instalan lentamente—funciona como una segunda capa de incomodidad sobre imágenes que de otro modo parecerían perfectamente civilizadas.

Sin embargo, ¡Huye! no está exenta de defectos. A veces, la película cae en el cliché del “blanco liberal racista”, un tema que ha sido explorado en numerosas ocasiones. Aunque Peele lo aborda con inteligencia, hay momentos en los que la crítica social se siente un poco forzada. Además, algunos giros argumentales pueden resultar predecibles para los aficionados al género.

El desenlace —en el que Chris enfrenta a la familia Armitage— es efectivo aunque previsible. Peele elige la catarsis sobre la ambigüedad, lo cual tiene su lógica: un final abierto habría diluido la precisión política de lo que precede. Pero para los espectadores acostumbrados a giros inesperados, la resolución puede sentirse demasiado limpia.

El miedo y la reflexión coexisten en esta película sin que uno cancele al otro: eso no es fácil de sostener durante noventa minutos, y Peele lo logra casi sin costuras. Sus defectos —esos momentos en que la crítica social pesa demasiado sobre la trama— son los de un cineasta que tiene demasiado que decir, no los de alguien que no sabe cómo decirlo. Como ópera prima, ¡Huye! no pide disculpas ni concesiones. Una promesa cumplida antes de que nadie la esperara.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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