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La Lista de Schindler: el filme con el que Spielberg dejó de buscar aplausos y empezó a dar testimonio

El drama en blanco y negro que ganó siete premios Óscar todavía se siente menos como una película que como un acto de testimonio.
Martha O'Hara

La Lista de Schindler es la película en la que el director más taquillero de la historia dejó a un lado su talento para el espectáculo y lo puso al servicio de algo mucho más difícil: mirar. Durante dos décadas la crítica trató a Steven Spielberg como un mago de las emociones, el hombre que inventó el blockbuster y siguió perfeccionándolo. Esta fue la obra que respondió la pregunta que parecía no querer responder: ¿para qué sirve, al final, todo ese oficio?

La historia es real y se resiste al consuelo fácil. Oskar Schindler es un empresario alemán y miembro del partido nazi que llega a la Cracovia ocupada para hacerse rico con la guerra y llena su fábrica de esmaltes con trabajadores judíos porque resultan más baratos. Es un seductor, un hombre de sobornos, sin conciencia visible. Lo que el filme rastrea, escena por escena, es el despertar lento y casi involuntario de esa conciencia, hasta que el especulador gasta toda su fortuna comprando vidas para borrarlas de las listas de los trenes.

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Una película filmada en pasado

Spielberg y el director de fotografía Janusz Kaminski filmaron casi toda la cinta en un blanco y negro áspero, con cámara en mano durante largos tramos, más cerca del noticiero y de la memoria de los sobrevivientes que del brillo de una superproducción. La decisión hace casi todo el trabajo moral antes de que se diga una palabra. John Williams también lo entendió y redujo su tema a un único violín en duelo, tocado por Itzhak Perlman. En ese monocromo aparece la imagen que todos recuerdan: una niña con abrigo rojo que atraviesa la liquidación del gueto, el único color sostenido de la película.

Tres actuaciones que niegan el consuelo

Liam Neeson interpreta a Schindler como una puerta cerrada: pura seguridad de superficie, con el cambio ocurriendo en un lugar que nunca se nos permite ver del todo. Ben Kingsley, como el contador Itzhak Stern, es la conciencia callada del filme. Y Ralph Fiennes, en el papel que lo lanzó, encarna al comandante Amon Goeth no como un monstruo, sino como algo peor: un hombre común y autocompasivo que dispara a los prisioneros desde su balcón como otro miraría el clima.

Por qué perdura

La película nace de la novela de Thomas Keneally y de los testimonios de los sobrevivientes, sobre todo de Poldek Pfefferberg, uno de los salvados. Spielberg no cobró por dirigirla y con lo recaudado fundó la actual USC Shoah Foundation, que grabó decenas de miles de testimonios. La obra no terminó cuando salieron los créditos: se volvió un instrumento de aquello que contaba.

La Lista de Schindler (1993)
La Lista de Schindler (1993)

La Lista de Schindler ganó siete premios Óscar, incluidos Mejor Película y el de Mejor Director que se le había negado a Spielberg, además de tres Globos de Oro y, una década más tarde, un lugar en el National Film Registry de Estados Unidos. Pero los premios son lo menos interesante. Lo que perdura es la confesión final que el filme hace sobre su propio héroe: que pudo salvar a más, que lo destruye la aritmética de los que no salvó. En un medio que adora el rescate limpio, esta película lo niega.

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