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Una aventura extraordinaria: Ang Lee hace de un bote salvavidas un tratado sobre la fe

La adaptación de 2012 de la novela de Yann Martel que ganó el Booker, entre lo espiritual y lo espectacular.
Martha O'Hara
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Un adolescente a la deriva en el Pacífico después de un naufragio, en un bote salvavidas que comparte con una hiena, una cebra, un orangután y un tigre de Bengala llamado Richard Parker. La premisa de Una aventura extraordinaria (Life of Pi) cabe en una línea. Ang Lee la estira a lo largo de dos horas y cinco minutos y consigue, casi siempre, que el pulso no se afloje. Esa tensión entre lo sencillo del planteamiento y lo ambicioso de la puesta en escena es lo que sostiene la película, y también el origen de sus problemas.

Lee llega a esta historia con un currículum que The Guardian repasa con admiración: de las familias chinas de sus primeras películas pasó a la Inglaterra de Jane Austen en Sense and Sensibility, a la América de Nixon en The Ice Storm, al wuxia de Crouching Tiger, Hidden Dragon, al thriller de espionaje de Lust, Caution y al western sobre una relación entre dos hombres de Brokeback Mountain. No tiene obsesiones de autor al viejo estilo, dice el diario británico, pero sí un ojo exigente para la imagen y un interés genuino por el lenguaje. Se nota aquí. El guion de David Magee, adaptado de la novela de Yann Martel ganadora del Booker, trata el material con respeto y sin solemnidad excesiva.

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La estructura es una historia dentro de otra dentro de otra. Un escritor canadiense sin nombre, interpretado por Rafe Spall, a quien The Guardian da por sentado que es el propio Martel, se entera de que en Montreal vive un hombre con una historia capaz de hacerte creer en Dios. Ese hombre es Piscine Molitor Patel, a quien Irrfan Khan da vida de adulto como profesor de filosofía, y que empieza a contar su vida desde Pondicherry, el enclave francés de la India, donde su padre dirigía un zoológico. The Guardian dice que, en tono, la película parece Robinson Crusoe reescrito por Laurence Sterne, y la comparación acierta: hay aventura, pero también digresión, humor y una voz narradora que sabe que está contando.

La primera secuencia, en el zoológico, tiene una alegría contagiosa. The Guardian describe animales y aves que se pavonean al sol, y Film Comment la compara con un libro desplegable lleno de jirafas, monos, flamencos rosados y un perezoso colgado de un árbol. Hasta los nombres del relato nacen de un accidente cómico: Piscine se llama así por la alberca parisina Piscine Molitor, favorita de un tío, y cambió el nombre por la letra griega Pi cuando sus compañeros de escuela empezaron a hacer bromas con él. Es un arranque travieso que le promete al público una película más ligera de lo que luego resulta.

Lo más sólido de la cinta son los efectos visuales. The Movie Elite califica de increíble el hundimiento del barco y de sobresalientes las escenas entre Pi y Richard Parker en medio de un mar sin nada alrededor. Su crítico, que dice haber buscado cualquier rastro de falsedad, no logró distinguir al tigre digital de uno real. The Guardian habla de un 3D alucinatorio, y Film Comment, bastante más severo con la película, concede que es lo más espléndido visualmente de toda la carrera de Lee. Coincido. Aun así, la belleza tiene un costo: cuando la pantalla es tan deslumbrante, las secuencias reflexivas compiten con ella en desventaja y a veces pierden fuerza.

En el reparto, Pi tiene tres rostros. Gautam Belur lo interpreta a los cinco años, Ayush Tandon a los doce y Suraj Sharma a los dieciséis, y es Sharma quien carga con casi todo el peso del naufragio. Simbasible lo considera bueno, pero no deslumbrante, y señala que el protagonista no tiene la complejidad que pedía una historia así. La objeción es razonable. Sharma resulta creíble y simpático, y esa cercanía basta para que uno se preocupe por él, pero la película le exige más hondura de la que el personaje alcanza a dar. Irrfan Khan, como Pi adulto, aporta la serenidad del narrador, y Adil Hussain y Tabu completan a la familia Patel; en esos papeles la película gana calidez.

El ritmo es el otro punto de discusión. The Movie Elite confiesa que durante los primeros cuarenta minutos sus dudas se confirmaron: los actores eran atractivos, pero la historia no llevaba a ningún lado, y solo cuando Pi queda varado con el tigre la película agarra vuelo. Ese crítico se pregunta por qué dedicar tanto tiempo a presentar a un personaje que ya cae bien. Tiene razón en parte. El prólogo en Pondicherry es agradable, pero podría haberse condensado sin perder su esencia, y el contraste con la tensión del bote lo hace sentir más largo de lo que es.

El corazón temático es la fe. En la novela, Pi crece hindú y vegetariano y, a los catorce años, se acerca al cristianismo y al islam y decide practicar las tres religiones, para desconcierto de sus padres, porque lo único que quiere es amar a Dios. The Guardian ve en la película un tratamiento respetuoso y con humor de esa búsqueda espiritual. Simbasible, que se declara ateo o agnóstico, encuentra fascinante cómo se trata la religión y le gusta que el relato una las historias con ese elemento espiritual. El final, con dos versiones de lo ocurrido, es lo que más convence a ese crítico: lo describe como profundo, provocador y emocionalmente muy gratificante. Film Comment, en cambio, lo ve como un gesto calculado: habla de una película tan inocua que cuesta explicar por qué deja mal sabor de boca, y la acusa del apetito de Oscar de siempre y de la corrección de un director que adapta material de prestigio con tacto, pero sin sorpresas.

Ese reproche tiene fundamento. La película a veces se acerca al sentimentalismo, algo que Simbasible también admite antes de concluir que Lee encontró el equilibrio entre el corazón y el realismo. A mí me parece que lo encuentra, pero por un margen estrecho. Lo más convencional de la cinta no es la estructura, que sigue siendo ingeniosa, sino la manera de resolver lo filosófico: con una dulzura que invita a conmoverse antes que a discutir.

La novela original ha vendido más de diez millones de ejemplares. Martel la publicó en 2001 con Knopf Canada, después de que al menos cinco editoriales londinenses la rechazaran, y al año siguiente ganó el Premio Booker. En la ficción, Pi sobrevive 227 días en el bote junto al tigre. Llevar esa premisa al cine, con su fama y su contenido filosófico, era un riesgo, y Lee salió bien librado.

La recepción fue favorable. Rotten Tomatoes registra un 86 por ciento de aprobación y, según Simbasible, la película recaudó más de 600 millones de dólares, obtuvo once nominaciones al Oscar y le valió a Lee su segundo premio como director. Ese crítico la considera una de las mejores películas de aventuras del siglo; yo seré más prudente. Una aventura extraordinaria tiene un tigre que ni el escéptico de The Movie Elite distingue de uno de verdad, un prólogo más largo de lo necesario y una reflexión sobre la fe que conmueve más de lo que incomoda. Eso la deja como un entretenimiento de primera, hermoso y algo domesticado.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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