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Caracortada: Al Pacino convierte a un narco de Miami en pura ópera

Camille Lefèvre

Caracortada llega como se atreven pocas películas: a todo volumen y sin pedir disculpas. Brian De Palma baja a Tony Montana de un barco del éxodo del Mariel y lo suelta en un Miami iluminado como un horno de neón, y desde ese primer entrecerrar de ojos la cinta no baja la voz ni una vez. Al Pacino interpreta al exiliado cubano que convierte un sueldo de lavaplatos en un imperio de cocaína, y Oliver Stone lo escribió como un hombre que lo quiere todo y después se sorprende de verdad cuando el mundo le regresa la mordida.

Es un ascenso y caída narrado como ópera, no como tragedia. El exceso no es solo el defecto de Tony: es el método completo de la película, desde la palpitante banda de sintetizadores de Giorgio Moroder hasta los interiores de oro y cromo y un acto final que sepulta toda mesura bajo una montaña de balazos. De Palma sabe exactamente lo que hace; la vulgaridad es justo el punto.

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La película

Remake libre del filme de Howard Hawks de 1932, a partir de la novela de Armitage Trail, De Palma y Stone mudan el mito del gánster al narcotráfico de la era Reagan y lo dejan estirarse hasta casi tres horas. La estructura es clásica —hambre, ascenso, paranoia, ruina— pero la textura es puro ochentas: trajes blancos, noches en tonos pastel, olor a dinero y a polvo. De Palma filma la violencia con gusto de feriante, sobre todo la tristemente célebre escena de la motosierra, que aterra precisamente porque deja lo peor justo fuera de cuadro.

El oficio debajo del ruido es real. La cámara se desliza y se eleva, el diseño de producción convierte el antro y la mansión-fortaleza de Tony en monumentos al mal gusto, y la edición deja que las escenas duren lo suficiente para echarse a perder. Es un director con control total sobre una película acerca de un hombre que pierde todo el suyo.

Caracortada (1983)
Caracortada (1983)

Al Pacino, a fondo

Pacino no actúa a Tony Montana: lo dirige como a una orquesta. El acento es espeso, los gestos enormes, las líneas inclinadas hacia el aria —«saluda a mi amiguito» sobrevivió de sobra a la película que lo rodea—. Es una actuación sin el menor interés en la sutileza, y ahí está su valor: se entrega tan por completo que el exceso se vuelve una forma de verdad.

A su alrededor, Michelle Pfeiffer es hielo quebradizo como Elvira, la esposa trofeo adormecida por su propio glamour; Steven Bauer aporta calidez como Manny; Mary Elizabeth Mastrantonio afila la corriente incestuosa como Gina, la hermana de Tony; y Robert Loggia y F. Murray Abraham completan la cadena alimenticia que Tony está tan decidido a escalar.

Caracortada (1983)
Caracortada (1983)

Por qué perdura

En su estreno dividió a la sala. Roger Ebert le dio cuatro estrellas y halló a un ser humano dentro del monstruo; otros críticos retrocedieron ante el conteo de cadáveres y la miseria moral, y la MPAA peleó con De Palma por una clasificación X. Después pasó algo más raro: la película superó a sus reseñas. El hip-hop adoptó a Tony Montana como santo patrón del hambre hecha a sí misma, el póster se volvió iconografía de cuarto de estudiante, y Caracortada quedó en el idioma como sinónimo del sueño americano vuelto caníbal.

Nuestra opinión

Una ópera de gánsteres que nunca finge ser otra cosa que lo que es: ruidosa, llamativa, moralmente quebrada y rabiosamente viva. Caracortada se gana sus tres horas porque cree en su propio exceso más que cualquier otra película de su década. Cuarenta años después, sigue saludando.

Dirección

Brian De Palma

Brian De Palma

Reparto

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