Líderes Empresariales

Steve Ballmer: pagó la arena de los Clippers y la NBA le prohíbe dirigirlos un año

Penelope H. Fritz
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Steve Ballmer
Photo: D.Begley / CC BY 2.0, via Wikimedia Commons
Nacimiento24 de marzo de 1956
Detroit
OcupaciónEmpresario e inversionista
PremiosChevalier de la Légion d’Honneur

El hombre más escandaloso de los negocios en Estados Unidos recibió la orden de guardar silencio. Steve Ballmer pagó cada butaca, cada pantalla y cada viga del Intuit Dome, en Inglewood, y durante los próximos doce meses la NBA le prohíbe meter mano en la operación del equipo que juega ahí. El castigo le cae a alguien cuya vida pública cabe en un solo rasgo llevado al límite: no tolera perder y está dispuesto a pagar casi lo que sea para evitarlo. En Microsoft esa ambición lo volvió una de las personas más ricas del planeta. En Los Ángeles acaba de valerle una de las sanciones más duras que la liga le ha impuesto a un dueño.

Esa ambición viene del Medio Oeste. Su papá, Frederic Ballmer, era un inmigrante suizo que trabajaba como gerente en Ford; su mamá, Beatrice Dworkin, era judía. Ballmer nació en Detroit en marzo de 1956, creció en el suburbio de Farmington Hills y vivió tres años de su infancia en Bruselas. El niño que después gritaría frente a arenas repletas era tan tímido que hiperventilaba antes de ir a la escuela hebrea. Se graduó como el mejor de su generación en la Detroit Country Day School, con calificación perfecta en la sección de matemáticas del SAT.

En Harvard estudió matemáticas aplicadas y economía, se tituló magna cum laude y vivía a unos cuartos de un estudiante de segundo año llamado Bill Gates. Trabajó dos años como asistente de gerente de producto en Procter & Gamble, donde compartió oficina con Jeff Immelt, quien después dirigiría General Electric, y entró a la escuela de negocios de Stanford, que abandonó en 1980 para sumarse a la pequeña compañía de software de Gates.

Llegó como el empleado número 30 y el primer gerente de negocios en una empresa de programadores, con un sueldo más una parte de las utilidades que generara. Esa parte creció tan rápido que se convirtió en acciones: cuando Microsoft se constituyó como sociedad, él tenía el 8%. En dos décadas encabezó operaciones, desarrollo de sistemas y ventas. Fue nombrado presidente en 1998 y en enero de 2000 recibió de Gates el puesto de director ejecutivo, mientras Gates se quedaba con la presidencia del consejo y el cargo de arquitecto en jefe de software.

Los números de sus catorce años al frente todavía generan pleitos. Los ingresos anuales pasaron de unos 25 mil millones de dólares a cerca de 70 mil millones y la utilidad neta se multiplicó por más de tres. Construyó el negocio de servidores sobre el que luego se montaría la nube de Microsoft, hizo de Xbox una división en serio, compró Skype y, casi al final, la división de teléfonos de Nokia, una operación que después llamó la decisión más difícil de su gestión. Pero el precio de la acción casi no se movió en una década, y la empresa que había dominado la computadora personal vio pasar la era del smartphone desde afuera.

Esa es la crítica que no se le quita. En 2007 se burló del iPhone, un teléfono carísimo y sin teclado que, según él, no tenía ninguna oportunidad de ganar una participación de mercado importante; el video lo sigue desde entonces. En 2012 el administrador de fondos David Einhorn pidió su salida con el argumento de que el propio Ballmer era el mayor lastre de la acción. Su defensa es más acotada de lo que reconocen sus críticos: dice que no se equivocó con el aparato sino con el modelo de negocio de Apple, porque no vio que las operadoras meterían su precio en la renta mensual. El canto sudoroso de «developers» y el brinco por el escenario gritando «I love this company» convirtieron a un ejecutivo disciplinado en meme. Cuando anunció su retiro en 2013, las acciones de Microsoft subieron.

Incluso su sociedad con Gates, tan cercana que Ballmer fue padrino en su boda, terminó en distancia. Ballmer ha contado que se alejaron después de que él apostó por fabricar teléfonos, algo que Gates no respaldaba. Satya Nadella lo reemplazó en febrero de 2014 y Ballmer dejó el consejo en agosto de ese año.

Para entonces ya tenía otra obsesión. Después de fallar dos veces en su intento de regresar la NBA a Seattle, ofreció 2 mil millones de dólares por Los Angeles Clippers, puestos a la venta luego de que Donald Sterling fuera expulsado de la liga por comentarios racistas grabados. Era más del triple de lo que jamás se había pagado por un equipo de la NBA, y la compra se concretó en agosto de 2014. En Los Ángeles gastó en cualquiera que pudiera ayudarlo a ganar, compró el Forum de Inglewood para abrirse paso hacia una casa propia y construyó el Intuit Dome, una arena de unos 2 mil millones de dólares pagada sin dinero público que abrió en agosto de 2024. Una encuesta de The Athletic lo nombró en 2020 el mejor dueño del basquetbol.

Ahora la liga castigó esa misma ambición. Luego de que el periodista Pablo Torre revelara que a Kawhi Leonard se le pagó mediante un contrato de patrocinio con Aspiration, una startup de finanzas verdes ligada a los Clippers, la NBA contrató al despacho Wachtell, Lipton, Rosen & Katz para investigar. Sus conclusiones, anunciadas el 2 de septiembre de 2026, determinaron que Ballmer buscó a sabiendas ayudar a Leonard a obtener ingresos fuera de la cancha y aprobó un acuerdo comercial que sabía que era condición para el patrocinio de Aspiration al jugador. Las sanciones: un año de suspensión de toda actividad de la liga y del equipo, una multa de 30 millones de dólares, la pérdida de cinco selecciones de primera ronda del draft de 2029 a 2033 y suspensiones para los presidentes Gillian Zucker y Lawrence Frank. Ballmer había sostenido que los Clippers fueron víctimas de un fraude del cofundador de Aspiration.

Primero, los Clippers dijeron que rechazaban con vehemencia las conclusiones y que las pelearían por todas las vías disponibles. Doce días después, Ballmer cambió de rumbo. El 14 de septiembre informó que la multa ya estaba pagada, pidió disculpas a aficionados, empleados y demás dueños por «la distracción y la angustia» y asumió la responsabilidad como propietario principal, aunque aclaró que persisten desacuerdos con el informe. Ese mismo día se completó el cambio, pospuesto durante meses, de Leonard a los Toronto Raptors. John Gibson, abogado de Los Ángeles y abonado de muchos años, dirige ahora la franquicia como gobernador y director ejecutivo interino.

Fuera de la duela, Ballmer sigue siendo el mayor accionista individual de Microsoft, con alrededor del 4% de la empresa, una participación que lo coloca entre las quince personas más ricas del mundo. Con su esposa, Connie, con quien se casó en 1990 y con quien tiene tres hijos, encabeza Ballmer Group, una organización filantrópica enfocada en la movilidad económica de niñas y niños en el estado de Washington, el condado de Los Ángeles y Detroit. En 2017 lanzó USAFacts, una organización sin fines de lucro que publica los datos del gobierno en lenguaje sencillo, y en 2022 la pareja donó 425 millones de dólares a la Universidad de Oregón para un instituto de salud conductual infantil. ProPublica ha documentado cómo la contabilidad de su equipo y ciertas operaciones de pérdidas fiscales le han reducido los impuestos; el filántropo y el negociador son la misma persona.

La suspensión corre hasta septiembre de 2027. Lo que está en juego es si alguien que nunca ha podido quedarse quieto en un escenario aguanta una temporada completa fuera, y si el dueño que regrese seguirá pagando lo que cueste ganar o habrá encontrado, por fin, un precio que no está dispuesto a pagar.

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