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El Color del Dinero es una secuela más suelta, pero Newman la hace valer

Martin Scorsese retoma en 1986 al Rápido Eddie Felson, ahora como mentor de un joven Tom Cruise.
Martha O'Hara
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Eddie Felson no le da nada a Vincent Lauria sin cobrarlo. Para llevárselo a la carretera, primero juega con las inseguridades del muchacho respecto a Carmen y luego le pone en las manos un valioso taco Balabushka. Con ese gesto queda planteada la sociedad de El Color del Dinero: es una inversión, y Eddie nunca deja de tratarla así. Martin Scorsese dirigió en 1986 esta secuela de The Hustler (1961), basada, igual que aquella, en una novela de Walter Tevis. Era una apuesta riesgosa, porque el personaje ya tenía su clásico. Paul Newman vuelve como “Fast Eddie”, ahora un próspero vendedor de licores en Chicago que dejó el billar. Vincent, el joven al que da vida Tom Cruise, tiene mucho talento y ninguna disciplina. Eddie lo encuentra trabajando en Child World y le propone salir a la carretera.

La premisa es sencilla y funciona. Eddie, Vincent y Carmen recorren salas de billar en el Cadillac de Eddie rumbo a un torneo de nueve bolas en Atlantic City. Eddie se queda con la mayor parte de las ganancias y absorbe las pérdidas, y a cambio le exige a Vincent lo que menos tolera: jugar por debajo de su nivel para no levantar sospechas. Lo mejor de la película está en ese pulso entre el veterano, que sabe que el dinero se gana con paciencia, y el muchacho, que necesita que todos vean lo bueno que es. Cuando Eddie, harto de tanta arrogancia, se va y deja a Vincent en la sala de su viejo conocido Orvis (Bill Cobbs), el conflicto suena a verdad y no a necesidad del guion. Al volver lo encuentra luciéndose: le ganó al mejor jugador del lugar, pero espantó a un cliente con más dinero. Hablan sin rodeos y quedan en que Vincent tendrá que bajarle a su ego.

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Pasada esa primera mitad, el recorrido se vuelve fácil de adivinar. Eddie recluta, la sociedad se tensa, llega la ruptura y luego el reencuentro sobre la mesa. Incluso el episodio con el famoso Grady Seasons (Keith McCready), donde Eddie le ordena a Vincent perder a propósito para inflar las apuestas en su contra en Atlantic City, sigue una lógica que se ve venir. Lo que sí tiene chispa es que Vincent, provocado por Grady, casi no logra dejarse perder, y que verlo jugar con esa soberbia empuja a Eddie a volver a la mesa. Después de algunos triunfos, lo derrota un hustler llamado Amos (Forest Whitaker). Humillado, Eddie se despide de Vincent y Carmen, no sin dejarles dinero suficiente para llegar al torneo.

Los personajes femeninos salen peor librados. Carmen, a cargo de Mary Elizabeth Mastrantonio, es algo más que la novia de Vincent, pues Eddie mismo le recuerda que son socios con un interés común en el muchacho, pero su peso en la trama es menor de lo que el planteamiento promete. Janelle, la pareja de Eddie que interpreta Helen Shaver, apenas se insinúa, y su enojo por la partida repentina de Eddie queda como un apunte. Algo parecido pasa con Julian, el jugador de John Turturro, a quien Vincent supera en la mesa de nueve bolas: aparece, se molesta por la salida de Eddie y desaparece.

En Atlantic City, la película se resuelve con un giro más humano que espectacular. Eddie vence a Vincent en el torneo, pero Vincent va después a su cuarto y le confiesa que apostó por él y que se dejó perder el duelo. Luego él y Carmen le entregan 8,000 dólares, la parte de Eddie en las ganancias. En la semifinal, Eddie renuncia a la partida y devuelve el dinero. Quiere ganar sin trampas, así que se enfrenta a Vincent en una partida privada y declara: “¡Estoy de vuelta!”.

Newman ganó el Óscar a Mejor Actor por este papel, y se entiende: Eddie es un hombre que quiso convertirse en mentor y terminó recordando que lo suyo es competir. Cruise, por su parte, encaja bien en un Vincent exhibicionista y algo insufrible, que es justo lo que pide el personaje. El choque entre ambos es lo que sostiene la película.

Buena Vista Distribution Co. la estrenó el 17 de octubre de 1986. Los críticos la recibieron bien, aunque varios la consideraron una secuela inferior a The Hustler. Tienen parte de razón: esta versión no tiene la aspereza de la original, y el guion no siempre está a la altura de sus dos protagonistas. Aun así, la pregunta que deja abierta ese “¡Estoy de vuelta!” es buena: si Eddie quiere ganar el torneo o solo demostrar que todavía puede.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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